Del token al cloud privado: por qué la IA empresarial será híbrida

Técnico caminando por un pasillo de racks en un data center, representando infraestructura de cloud privado para IA empresarial.
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Esta publicación nace de una idea de Javier Escribano que me parece especialmente acertada: la historia del precio de los tokens se entiende mucho mejor si se mira como una repetición de la historia de la computación. Primero hubo mainframes carísimos en manos de muy pocos. Después llegó el time-sharing, es decir, pagar por minutos de cómputo. Más tarde las empresas pudieron tener sus propios servidores. Luego llegó el PC. Y finalmente el ordenador terminó en el bolsillo.

El paralelismo con la IA es bastante evidente. Hoy los grandes laboratorios funcionan como aquellos mainframes: infraestructura muy cara, concentrada en pocas manos y alquilada por uso. La unidad ya no es el minuto de CPU, sino el token. OpenAI, Anthropic, Mistral AI, OpenRouter, Google y otros proveedores venden acceso a modelos frontera de una forma muy parecida a como se alquilaba capacidad de cómputo cuando comprar un ordenador era imposible para casi cualquier empresa.

La pregunta es si las empresas van a depender siempre de ese esquema. Desde la parte de infraestructura, mi respuesta cada vez es más clara: no para todo. Veremos un modelo híbrido en el que los modelos frontera seguirán siendo necesarios para tareas complejas, pero una parte creciente del trabajo diario se ejecutará sobre modelos open source, modelos ligeros o modelos especializados desplegados en infraestructura propia, cloud privado o bare-metal gestionado.

 

Del pago por token a la infraestructura propia para IA

Javier apunta que el precio de los tokens ya está cayendo con rapidez y recuerda que GPT-4 salió en 2023 a 30 dólares por millón de tokens de entrada, mientras que modelos actuales equivalentes o más baratos se sitúan muy por debajo de esa cifra en muchos casos. Su lectura es que el mercado se está comoditizando con la misma lógica que antes siguió el hardware.

Esa caída de precio cambia la conversación, pero no elimina el problema. Cuando una empresa empieza con IA, el gasto por token suele parecer asumible. Un piloto, unos cuantos usuarios, algunos flujos internos. El problema aparece cuando la adopción crece. Agentes que iteran durante minutos, asistentes que leen documentos largos, herramientas que resumen llamadas, copilotos internos, procesos de backoffice, soporte, análisis de logs, generación de informes. El token deja de ser una curiosidad y se convierte en una línea seria del presupuesto.

Ahí empieza el salto que ya estamos viendo en clientes y conversaciones de infraestructura: «¿por qué tengo que pagar al modelo más caro para tareas que no lo necesitan?». Muchas organizaciones no quieren ejecutar en local todo su stack de Inteligencia Artificial. Lo que quieren es dejar de enviar a modelos frontera aquello que puede resolver un modelo más pequeño, más barato y bajo su control.

No se trata de una postura romántica a favor del open source. Es una decisión económica y operativa. Si una tarea es repetitiva, interna, predecible y no exige el mejor razonamiento del mercado, tiene sentido estudiar si puede correr en infraestructura propia. Si además maneja datos sensibles, documentación interna o requisitos de cumplimiento, el argumento se refuerza.

Zylon es un buen ejemplo de esta dirección. La compañía presenta su infraestructura como una solución de IA generativa privada y on-premise para sectores regulados, con despliegue dentro de la infraestructura empresarial y sin dependencia de nube externa. Además, su PrivateGPT 1.0 se define como una capa API open source para construir aplicaciones privadas de IA sobre servidores de inferencia locales o autoalojados.

Pero este movimiento no va solo de Zylon. Va de una transición más amplia: pasar de usar siempre APIs externas a diseñar una arquitectura de IA con varios niveles de cómputo.

 

La arquitectura ganadora será híbrida

La arquitectura razonable para muchas empresas no será «todo cloud» ni «todo local». Será una mezcla.

Los modelos frontera seguirán teniendo sentido para tareas de alto valor: razonamiento complejo, planificación, revisión crítica, generación avanzada, problemas ambiguos o flujos donde la calidad adicional compensa claramente el coste. Pero una gran parte de los usos empresariales no necesita el modelo más potente en cada llamada.

Ahí entran modelos open source, modelos pequeños, cuantizados, especializados o ejecutados en infraestructura propia. También entran estrategias como separar ejecución y criterio: un modelo barato ejecuta la mayor parte del trabajo y un modelo superior entra solo como asesor cuando hay una decisión difícil. Anthropic ya ha formalizado patrones de este tipo con su enfoque de advisor, donde un modelo executor puede consultar a un modelo más capaz sin cederle el control completo del flujo.

La cuestión no es elegir un modelo. Es diseñar una política de uso de modelos.

En Aire, a través de la experiencia de Stackscale en cloud privado y bare-metal, ya vemos ese «salto al servidor propio» desde la infraestructura. No siempre significa comprar una caja física para ponerla en una oficina. Puede ser un entorno de cloud privado, bare-metal, GPU dedicada, plataforma gestionada, almacenamiento aislado, red privada y políticas de seguridad adaptadas. Lo importante es que la empresa gana capacidad de decisión: puede seguir usando modelos externos cuando aportan valor y ejecutar en entornos privados o gestionados aquellas cargas donde necesita más control, previsibilidad o eficiencia.

Ese cambio también obliga a ser honestos. Autoalojar IA no siempre es más barato. Depende de la utilización, de la concurrencia, del hardware, de la operación, del modelo elegido y del perfil de carga. Un trabajo reciente sobre estimación de costes en infraestructura LLM advierte precisamente de que asumir utilización fija de GPU lleva a errores grandes: con baja o media carga, el coste efectivo por millón de tokens puede variar mucho por infrautilización.

Esto es importante porque evita caer en el discurso fácil. Montar tus propios modelos puede ahorrar mucho dinero si hay volumen, estabilidad de carga y equipo para operarlo. Pero puede salir caro si se compra hardware que pasa la mayor parte del tiempo parado. El cálculo no es «API cara frente a servidor gratis». El cálculo real es coste por tarea útil, con seguridad, latencia, mantenimiento, disponibilidad y evolución de modelos incluidos.

 

Dónde quedará el valor

Si el patrón histórico se cumple, los modelos generalistas tenderán a comoditizarse. No desaparecerán. Al contrario, serán más potentes y más accesibles. Pero cada vez será más difícil construir una ventaja sostenible únicamente sobre «tener acceso a un modelo generalista». Ese acceso lo tendrán todos.

El valor se moverá a las capas superiores.

Estará en los datos propios, en la integración con procesos reales, en la experiencia de usuario, en los flujos verticales, en la seguridad, en el cumplimiento, en la trazabilidad, en la capacidad de medir resultados y en saber qué modelo usar, en qué entorno y para qué carga.

Una empresa no necesita «IA» en abstracto. Necesita reducir tiempos de soporte, revisar contratos, automatizar reporting, acelerar desarrollo, auditar configuraciones, asistir a comerciales, ayudar a técnicos de campo, analizar incidencias o mejorar decisiones. Para eso, el modelo es solo una pieza. La parte difícil es convertirlo en producto, proceso y ventaja operativa, con una arquitectura capaz de sostenerlo.

Por eso me interesa tanto el paralelismo de Javier. La historia no dice que los grandes proveedores vayan a dejar de importar. IBM no dejó de importar de golpe cuando aparecieron servidores más pequeños. Los cloud públicos no dejaron de importar cuando las empresas siguieron usando infraestructura propia. Lo que cambia es el reparto.

Mi apuesta es que entre 2027 y 2030 muchas organizaciones descubrirán que no necesitan enviar todo a un modelo frontera. Usarán los mejores modelos cuando compense y ejecutarán mucho más trabajo sobre modelos propios o privados. La decisión de modelo pasará de ser una elección individual de cada usuario a una decisión de arquitectura.

Para muchas empresas, el reto no será elegir entre modelos externos o infraestructura propia, sino diseñar una arquitectura híbrida que combine rendimiento, control, seguridad y eficiencia en cada caso de uso.

Ahí es donde las empresas deberían empezar ya: inventariar usos, medir consumo, clasificar tareas, separar datos sensibles, probar modelos locales, evaluar costes reales y construir una capa de gobierno. No para salir mañana de las APIs de OpenAI, Anthropic, Mistral AI o Google, sino para no depender de ellas en todo.

El futuro no será dejar de pagar tokens. Será pagar tokens solo donde tengan sentido.

 

Preguntas frecuentes

¿Significa esto que las empresas dejarán de usar modelos frontera? No. Los modelos frontera seguirán siendo útiles para tareas complejas, razonamiento avanzado y casos donde la calidad compense el coste.

¿Cuándo tiene sentido ejecutar modelos en infraestructura propia o cloud privado? Cuando hay volumen suficiente, datos sensibles, tareas repetitivas, necesidad de control o costes por token difíciles de justificar a escala.

¿Ejecutar IA en infraestructura propia siempre es más barato? No. Depende de la utilización del hardware, concurrencia, mantenimiento, soporte, energía, seguridad y operación. Hay que medir coste por tarea, no solo precio por token.

¿Qué papel tendrán los modelos open source? Serán cada vez más importantes para cargas internas, RAG privado, automatizaciones, asistentes especializados y tareas que no requieren el modelo más avanzado.

¿Dónde estará el valor si los modelos se comoditizan? En las capas verticales: datos propios, integración con procesos, seguridad, experiencia de usuario, gobierno, métricas y productos concretos para sectores concretos.

 

Fuentes

Javier Escribano, La historia nos enseña cuál será el precio de los tokens.

Zylon, infraestructura privada de IA para sectores regulados.

PrivateGPT, documentación sobre su capa API local para aplicaciones privadas de IA.

Anthropic/Zylon, lanzamiento de PrivateGPT 1.0 y enfoque de backend privado de IA.

Chitral Patil, Beyond Per-Token Pricing: A Concurrency-Aware Methodology for LLM Infrastructure Cost Estimation.

¿Tienes curiosidad por explorar este tema con IA? Prueba con ChatGPT o Perplexity.

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Ibon Otero

Director de Estrategia y BI

A Ibon ya desde que era niño le gustaba entender cómo funcionaban las cosas. Su pasión por la tecnología fue creciendo a medida que pasaban los años y fue lo que le decantó a estudiar Ingeniería de Telecomunicaciones. Entró en Aire en el departamento de Inteligencia de Negocio con el reto de sacar adelante proyectos en curso e iniciar la creación de nuevas soluciones y productos. Ese es uno de los valores que aporta a la compañía: el conocimiento, las ganas y el impulso para hacer realidad lo que se plantea. Del Grupo destaca el equipo técnico y humano, que tilda de increíble y que respira el mantra “hacemos cosas que no hacen los demás”.

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Joan ve la tecnología como una palanca con la que accionar el acceso al conocimiento y posibilitar la comunicación entre personas en tiempo real. Desde sus inicios en Aire, cuando estaba en el último curso de universidad, se ha esforzado por superar los retos técnicos a los que se ha ido enfrentando, con la motivación de aprender y llegar al fondo de cada proyecto. Como CTO Staff, aplica esta experiencia, su visión, empuje y mimo por los detalles a distintas áreas de trabajo. Del proyecto destaca su vocación tecnológica y su equipo, por su calidad humana y su enfoque de resolución del problema.

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Para Manuel Rivera la tecnología y las personas se relacionan íntimamente y las ve como motor de cambio. Su pasión por las telecomunicaciones le llevó a estudiar Ingeniería en esta área. Su carrera profesional se ha desarrollado tanto en posiciones de ingeniería, operaciones comerciales como en Recursos Humanos, donde ha estado focalizado en la transformación de estructuras organizativas tecnológicas tanto en el mercado local como a nivel europeo. Aterriza en Aire como Director de Recursos Humanos y Transformación, para aportar su visión y experiencia a la hora de enfrentar los numerosos retos que tienen las organizaciones en un momento como el actual.

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A pesar de criarse en un pequeño pueblo con menos facilidades de acceso a la tecnología, para Zigor no fue una barrera el sumergirse en el sector tecnológico desde muy joven, comenzando después la carrera de Ingeniería Informática con la intención de seguir profundizando sobre todo lo que había ido aprendiendo de forma autodidacta a lo largo de los años.

Su sueño de dedicarse al mundo de la conectividad se hizo realidad al llegar a la compañía, donde sintió el proyecto como suyo desde el primer momento, compartiendo triunfos y aprendiendo de los fracasos.

Con un gran sentido de equipo, Zigor trabaja diariamente para ayudar en la toma de decisiones aportando su visión y experiencia, asumiendo todos los retos que pueda encontrar en el camino y manteniendo ese ADN de la compañía en el que la tecnología, el trabajo en equipo y la innovación son esenciales.

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Santi Magazù tiene más de 20 años de experiencia en el sector de telecomunicaciones y de servicios TI, habiendo ocupado puestos directivos en multinacionales como Telefónica, donde desempeñó varios cargos, como director de ingeniería de servicios TI para España y director comercial de Cloud Computing para todo el Grupo. También ha trabajado como director de Marketing en el operador regional Grapes, y como CEO y COO en startups de tecnología, entre ellas en PlayGiga, la primera compañía adquirida por Facebook en España. Inició su carrera como consultor de estrategia en Monitor Co., actualmente parte de Deloitte.

En cuanto a su formación, es ingeniero industrial por el Politécnico de Milán y MBA por INSEAD (Francia).

En Aire es Director General.

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Curiosidad y pasión por la tecnología son el motor imparable de una carrera profesional que empezó, nada menos que a los 4 años, arreglando el cable roto de una plancha que había dejado de funcionar. Desde ese precoz impulso, la biografía de Miguel Tecles está escrita con cables de colores, líneas de programación, ondas de radio, señales de internet cuando casi no existía, muchos voltios y algún calambre inesperado.

Hoy, con el cargo de consejero en Aire, Miguel Tecles es uno de sus principales pilares.

Nadie mejor que él personifica el compromiso de la compañía con sus clientes: llevar la tecnología siempre al siguiente nivel, haciendo lo que nadie hace, como nadie lo hace y llegando hasta donde nadie llega, para ofrecer servicios que generen valor para todos.

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Consejero

Apasionado de la tecnología y el funcionamiento interno de todo lo que le rodeaba desde muy temprana edad, Raúl empezó sus primeros pinitos en el mundo de la electrónica y la programación a los 14 años, cuando hizo su primer programa de facturación, contabilidad y gestión de almacén para la empresa familiar.

Con ello y la llegada de internet, comenzó su dedicación al mundo de las telecomunicaciones, estudiando Ingeniería Informática, donde conoció a su primer socio, Miguel Tecles, a través de lo que fue una de las primeras redes sociales, IRC. Tras más de dos años trabajando juntos y mejorando su know-how, conocieron a Emilio Gras, el tercer socio de la actual compañía, comenzando juntos en 1996 su primer proyecto de ServiHosting, e iniciando un camino que los llevaría hasta donde están hoy.

Raúl es pilar fundamental en Aire, no solo a través de su experiencia, sino a través de los valores que aporta e implementa en la compañía, como la visión de futuro, aceptando retos y alcanzando metas; su compromiso con cada detalle y el sentimiento de equipo, fomentándolo día a día.

Javier Polo

CEO

Con más de 20 años de trayectoria en los sectores de las telecomunicaciones y la tecnología, Javier tiene la firme convicción de que la tecnología debe resolver problemas reales y generar ventajas competitivas con resultados tangibles para el negocio.

Ha ocupado posiciones ejecutivas relevantes en compañías como Amena y Orange, donde lideró áreas de planificación estratégica, marketing y go-to-market. Fue CEO de PlayGiga, la primera startup tecnológica española adquirida por Meta (Facebook). Antes de incorporarse como CEO de Aire, dirigió el Grupo AIA, empresa especializada en inteligencia artificial, con foco en analítica avanzada y algoritmos predictivos.

Ha sido también consejero y asesor en múltiples compañías tecnológicas respaldadas por fondos de venture capital y private equity, en sectores como cloud, ciberseguridad y blockchain.

Previamente, desarrolló su carrera en el ámbito de la consultoría estratégica como Principal en Monitor Company, donde asesoró a grandes corporaciones en procesos de crecimiento, internacionalización y eficiencia operativa.

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