La ciudad digital: una forma sencilla de entender OpenStack y el orquestador Aire Cloud 

Aire Cloud orquestador
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Detrás de cada servidor, red o sistema de almacenamiento hay mucha tecnología trabajando. OpenStack se ocupa de organizarla y el orquestador cloud de Aire Cloud hace que podamos utilizarla sin tener que conocer cada uno de sus engranajes. Vamos a verlo con un ejemplo bastante más cercano que una arquitectura cloud.

Cuando alguien pregunta cómo funciona Aire Cloud, hay dos opciones:

La primera es empezar a hablar de máquinas virtuales, hipervisores, redes, almacenamiento, APIs y automatización. Normalmente, a los pocos minutos, la conversación ya se ha vuelto bastante más complicada de lo que debería. 

La segunda opción es imaginar una ciudad. Personalmente, prefiero la ciudad.  Esta comparación ayuda a entender qué sucede dentro de los servicios de Aire Cloud sin necesidad de convertirse antes en especialista. Empecemos por un negocio cualquiera. Una pastelería, por ejemplo. Para abrirla necesitas un local, suministro eléctrico, agua, carreteras para recibir mercancía y algún lugar donde guardar los ingredientes. También necesitas seguridad y una serie de servicios básicos que das por hechos porque la ciudad ya se ocupa de ellos.  Sería absurdo que cada persona que quisiera abrir un negocio tuviera que construir primero su propia carretera, instalar el tendido eléctrico y levantar el edificio desde cero. 

Sin embargo, durante mucho tiempo las empresas tuvieron que hacer algo parecido con su tecnología. Antes de poner en marcha una aplicación o una página web, compraban servidores, preparaban el almacenamiento, instalaban las redes y calculaban cuánta capacidad necesitarían durante los próximos años. Y calcular el futuro, como sabemos, no siempre sale bien. Algunas empresas acababan con infraestructura que apenas utilizaban. Otras descubrían que se habían quedado cortas justo cuando más la necesitaban. 

La ciudad ya está construida

El servicio en la nube cambia esta forma de trabajar. En lugar de construir toda la infraestructura para cada proyecto, utilizamos una ciudad tecnológica que ya está preparada. Los servidores físicos existen, las redes están conectadas y los sistemas de almacenamiento están disponibles.  Cada empresa solicita los recursos que necesita para instalarse en ella. Una máquina virtual podría ser el local donde funciona una aplicación. El almacenamiento sería el espacio en el que guardamos los datos. Las redes harían el papel de las calles y carreteras que conectan unos sistemas con otros. 

La comparación no es exacta al milímetro, ninguna metáfora lo es, pero nos sirve para visualizar lo importante: ya no necesitamos comprar un edificio entero para utilizar una oficina. Podemos empezar con una infraestructura pequeña y ampliarla cuando el proyecto lo requiera. Si más adelante deja de ser necesaria tanta capacidad, también podemos reducirla. No hay que volver a construir la ciudad cada vez que el negocio cambia. Ahora bien, tener edificios y carreteras no basta. Una ciudad necesita organización. Alguien debe saber qué espacios están disponibles, quién tiene acceso a ellos, cómo se conectan y qué recursos está utilizando cada negocio. Ahí aparece OpenStack. 

OpenStack, el ayuntamiento

En nuestra ciudad digital, OpenStack hace el trabajo del ayuntamiento. No es uno de los edificios ni una carretera concreta. Es el sistema que mantiene organizados todos esos elementos y consigue que puedan utilizarse como una infraestructura común. Pensemos en algo tan habitual como crear una máquina virtual. Para el usuario puede parecer una sola acción, pero por debajo hay unas cuantas decisiones que tomar. ¿En qué servidor físico hay capacidad? ¿Cuánta memoria debemos reservar? ¿Qué almacenamiento hay que asociar? ¿A qué red debe conectarse la máquina? ¿Quién podrá acceder a ella? OpenStack coordina ese trabajo. Por eso a veces se habla de él como el sistema operativo de la nube. Igual que el sistema operativo de un ordenador organiza el procesador, la memoria o el disco, OpenStack administra los recursos de muchos servidores, redes y sistemas de almacenamiento. Es una tecnología muy potente. También es abierta, y esto merece una pequeña explicación. 

OpenStack no pertenece en exclusiva a un proveedor. Se desarrolla como software de código abierto y utiliza una arquitectura que favorece la integración con otras tecnologías. Esto da más libertad para diseñar una infraestructura y reduce la dependencia de un ecosistema cerrado. No significa que una migración vaya a ser siempre sencilla, eso depende también de cómo se hayan construido las aplicaciones, pero sí evita que toda la estrategia tecnológica quede ligada necesariamente a las decisiones de un único fabricante. Hasta aquí, todo suena bastante bien. Tenemos una ciudad preparada y un ayuntamiento capaz de organizarla. Entonces, ¿dónde está la dificultad? 

Cuando el ayuntamiento tiene demasiados departamentos

OpenStack puede ocuparse de muchas cosas, pero trabajar directamente con toda esa capacidad exige conocimientos especializados. Siguiendo con nuestra ciudad, imaginemos que para abrir una oficina tuviéramos que visitar personalmente cada departamento del ayuntamiento. Primero pediríamos el local. Después tendríamos que tramitar la electricidad, solicitar la conexión, gestionar los accesos y explicar al departamento de seguridad quién puede entrar. Cada gestión tendría sus formularios y sus propias normas. Se podría hacer, desde luego. Pero no sería la manera más cómoda de empezar a trabajar. Aquí es donde entra el alcalde de nuestra ciudad digital: la plataforma de gestión y orquestación de Aire Cloud. 

Aire Cloud, el alcalde digital

El alcalde no sustituye al ayuntamiento. Tampoco construye personalmente las carreteras ni instala la electricidad. Su trabajo consiste en conseguir que los distintos departamentos se entiendan y que los ciudadanos no tengan que conocer toda la organización interna para hacer una gestión. La plataforma de Aire Cloud cumple esa función sobre OpenStack. Desde un mismo entorno podemos solicitar un servidor, crear una red, añadir almacenamiento o configurar medidas de seguridad. La plataforma recoge la petición y se comunica con OpenStack para que cada parte de la infraestructura haga su trabajo. A eso nos referimos cuando hablamos de orquestación. 

La palabra parece más complicada de lo que es. Orquestar consiste en reunir varias tareas relacionadas y conseguir que se ejecuten en el orden adecuado. Si necesitas una nueva oficina, no quieres recibir cinco formularios independientes. Quieres explicar qué tipo de oficina necesitas y que alguien se ocupe de coordinar el resto.  En el servicio de nube pública de Aire sucede algo parecido. 

Cuando solicitamos una máquina virtual desde la plataforma de Aire Cloud, no tenemos que decidir manualmente en qué servidor físico debe crearse ni conectar uno a uno todos sus componentes. OpenStack se encarga de esas operaciones y la plataforma nos ofrece una forma más cercana de pedirlas y administrarlas. Por debajo sigue existiendo una infraestructura sofisticada. Lo que cambia es nuestra forma de relacionarnos con ella. 

Y este matiz es importante. La plataforma de Aire no hace que OpenStack deje de ser complejo. Hace que el usuario no necesite enfrentarse a toda esa complejidad cada vez que quiere realizar una operación habitual. 

Airecloud

¿Por qué resulta útil en el día a día?

Imaginemos una empresa que está preparando una nueva aplicación. Al principio necesita un entorno relativamente pequeño para que trabaje el equipo de desarrollo. Después crea otro espacio para hacer pruebas. Cuando llega el momento de lanzar la aplicación, prepara el entorno de producción con una configuración distinta. Cada fase tiene sus propias necesidades. No todo requiere el mismo procesamiento, la misma capacidad de almacenamiento ni idénticas reglas de acceso. En una infraestructura tradicional, estos cambios podían implicar compras, instalaciones y semanas de preparación. En Aire Cloud, los recursos se solicitan a medida que el proyecto avanza. 

Esto no quiere decir que todo crezca automáticamente y sin planificación. La nube no adivina lo que vamos a necesitar el mes que viene. El escalado automático, cuando se utiliza, también debe diseñarse y configurarse. Lo que sí tenemos es margen para reaccionar con mucha más agilidad. Podemos preparar nuevos recursos, modificar los existentes y organizar cada entorno de acuerdo con su función. Para una empresa, significa no tener que dimensionar toda su infraestructura pensando en el escenario más extremo. Para un partner tecnológico, hay además otra ventaja: puede separar los recursos de distintos clientes o proyectos para que cada uno tenga sus propios usuarios, redes, permisos y configuraciones. 

Pensemos en un edificio con diferentes oficinas. Todos forman parte de la misma ciudad, pero cada empresa tiene sus llaves y su espacio. Compartir la infraestructura no significa mezclar la información. De esta manera, el partner puede centrarse en diseñar la solución que necesita cada cliente y acompañarlo durante el proyecto, sin tener que operar manualmente cada componente físico que hay debajo. 

Volvamos a mirar la ciudad

Llegados a este punto, ya podemos regresar al mapa completo. La ciudad es la infraestructura cloud: los servidores, las redes y los sistemas de almacenamiento sobre los que funcionan las aplicaciones y se guardan los datos. OpenStack es el ayuntamiento. Conoce los recursos disponibles, los organiza y se ocupa de que las solicitudes puedan ejecutarse correctamente. La plataforma de Aire Cloud es el alcalde. Se relaciona con el ayuntamiento, coordina sus departamentos y ofrece al usuario una manera más sencilla de gestionar lo que necesita. Las tres partes trabajan juntas, aunque desde fuera solo veamos el resultado. 

Cuando creamos un servidor en unos minutos, hay bastante actividad sucediendo entre bastidores. Y esa es precisamente la idea: que no tengamos que ocuparnos de cada detalle técnico para poder utilizar la infraestructura. 

En Aire Cloud hemos elegido OpenStack porque nos ofrece una base abierta y flexible. Sobre ella incorporamos una plataforma propia de gestión y orquestación para acercar esa tecnología a empresas y partners que quieren aprovechar sus posibilidades sin convertir cada operación en un proyecto de ingeniería. Porque una empresa no llega a una ciudad para aprender cómo funcionan sus tuberías. Llega para abrir su negocio, atender a sus clientes y crecer. La tecnología debería ayudarla a hacerlo. 

 

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Ibon Otero

Director de Estrategia y BI

A Ibon ya desde que era niño le gustaba entender cómo funcionaban las cosas. Su pasión por la tecnología fue creciendo a medida que pasaban los años y fue lo que le decantó a estudiar Ingeniería de Telecomunicaciones. Entró en Aire en el departamento de Inteligencia de Negocio con el reto de sacar adelante proyectos en curso e iniciar la creación de nuevas soluciones y productos. Ese es uno de los valores que aporta a la compañía: el conocimiento, las ganas y el impulso para hacer realidad lo que se plantea. Del Grupo destaca el equipo técnico y humano, que tilda de increíble y que respira el mantra “hacemos cosas que no hacen los demás”.

Joan Aniorte

CTO

Joan ve la tecnología como una palanca con la que accionar el acceso al conocimiento y posibilitar la comunicación entre personas en tiempo real. Desde sus inicios en Aire, cuando estaba en el último curso de universidad, se ha esforzado por superar los retos técnicos a los que se ha ido enfrentando, con la motivación de aprender y llegar al fondo de cada proyecto. Como CTO Staff, aplica esta experiencia, su visión, empuje y mimo por los detalles a distintas áreas de trabajo. Del proyecto destaca su vocación tecnológica y su equipo, por su calidad humana y su enfoque de resolución del problema.

Manuel Rivera

CHR & Integration Officer

Para Manuel Rivera la tecnología y las personas se relacionan íntimamente y las ve como motor de cambio. Su pasión por las telecomunicaciones le llevó a estudiar Ingeniería en esta área. Su carrera profesional se ha desarrollado tanto en posiciones de ingeniería, operaciones comerciales como en Recursos Humanos, donde ha estado focalizado en la transformación de estructuras organizativas tecnológicas tanto en el mercado local como a nivel europeo. Aterriza en Aire como Director de Recursos Humanos y Transformación, para aportar su visión y experiencia a la hora de enfrentar los numerosos retos que tienen las organizaciones en un momento como el actual.

Rosa Ronda

CFO

Su trabajo en distintas posiciones en empresas tecnológicas la han llevado a estar siempre rodeada de ingenieros y a respirar ese ambiente techie en el día a día. Esa experiencia en el sector, junto con su conocimiento y una visión de la función financiera estratégica, es lo que aporta Rosa a Aire, así como mejores prácticas y soporte a los accionistas y equipo directivo para la toma de decisiones. Todo ello con el objetivo de llevar a la compañía hacia las metas propuestas en el plan de negocio.

De Aire destaca su capacidad de innovación y desarrollo; el alto volumen de soluciones propias y lo arraigado que está el proyecto en el sector.

Zigor Gaubeca

CIO

A pesar de criarse en un pequeño pueblo con menos facilidades de acceso a la tecnología, para Zigor no fue una barrera el sumergirse en el sector tecnológico desde muy joven, comenzando después la carrera de Ingeniería Informática con la intención de seguir profundizando sobre todo lo que había ido aprendiendo de forma autodidacta a lo largo de los años.

Su sueño de dedicarse al mundo de la conectividad se hizo realidad al llegar a la compañía, donde sintió el proyecto como suyo desde el primer momento, compartiendo triunfos y aprendiendo de los fracasos.

Con un gran sentido de equipo, Zigor trabaja diariamente para ayudar en la toma de decisiones aportando su visión y experiencia, asumiendo todos los retos que pueda encontrar en el camino y manteniendo ese ADN de la compañía en el que la tecnología, el trabajo en equipo y la innovación son esenciales.

Santi Magazù

Director General

Santi Magazù tiene más de 20 años de experiencia en el sector de telecomunicaciones y de servicios TI, habiendo ocupado puestos directivos en multinacionales como Telefónica, donde desempeñó varios cargos, como director de ingeniería de servicios TI para España y director comercial de Cloud Computing para todo el Grupo. También ha trabajado como director de Marketing en el operador regional Grapes, y como CEO y COO en startups de tecnología, entre ellas en PlayGiga, la primera compañía adquirida por Facebook en España. Inició su carrera como consultor de estrategia en Monitor Co., actualmente parte de Deloitte.

En cuanto a su formación, es ingeniero industrial por el Politécnico de Milán y MBA por INSEAD (Francia).

En Aire es Director General.

Miguel Tecles

Consejero

Curiosidad y pasión por la tecnología son el motor imparable de una carrera profesional que empezó, nada menos que a los 4 años, arreglando el cable roto de una plancha que había dejado de funcionar. Desde ese precoz impulso, la biografía de Miguel Tecles está escrita con cables de colores, líneas de programación, ondas de radio, señales de internet cuando casi no existía, muchos voltios y algún calambre inesperado.

Hoy, con el cargo de consejero en Aire, Miguel Tecles es uno de sus principales pilares.

Nadie mejor que él personifica el compromiso de la compañía con sus clientes: llevar la tecnología siempre al siguiente nivel, haciendo lo que nadie hace, como nadie lo hace y llegando hasta donde nadie llega, para ofrecer servicios que generen valor para todos.

Raúl Aledo

Consejero

Apasionado de la tecnología y el funcionamiento interno de todo lo que le rodeaba desde muy temprana edad, Raúl empezó sus primeros pinitos en el mundo de la electrónica y la programación a los 14 años, cuando hizo su primer programa de facturación, contabilidad y gestión de almacén para la empresa familiar.

Con ello y la llegada de internet, comenzó su dedicación al mundo de las telecomunicaciones, estudiando Ingeniería Informática, donde conoció a su primer socio, Miguel Tecles, a través de lo que fue una de las primeras redes sociales, IRC. Tras más de dos años trabajando juntos y mejorando su know-how, conocieron a Emilio Gras, el tercer socio de la actual compañía, comenzando juntos en 1996 su primer proyecto de ServiHosting, e iniciando un camino que los llevaría hasta donde están hoy.

Raúl es pilar fundamental en Aire, no solo a través de su experiencia, sino a través de los valores que aporta e implementa en la compañía, como la visión de futuro, aceptando retos y alcanzando metas; su compromiso con cada detalle y el sentimiento de equipo, fomentándolo día a día.

Javier Polo

CEO

Con más de 20 años de trayectoria en los sectores de las telecomunicaciones y la tecnología, Javier tiene la firme convicción de que la tecnología debe resolver problemas reales y generar ventajas competitivas con resultados tangibles para el negocio.

Ha ocupado posiciones ejecutivas relevantes en compañías como Amena y Orange, donde lideró áreas de planificación estratégica, marketing y go-to-market. Fue CEO de PlayGiga, la primera startup tecnológica española adquirida por Meta (Facebook). Antes de incorporarse como CEO de Aire, dirigió el Grupo AIA, empresa especializada en inteligencia artificial, con foco en analítica avanzada y algoritmos predictivos.

Ha sido también consejero y asesor en múltiples compañías tecnológicas respaldadas por fondos de venture capital y private equity, en sectores como cloud, ciberseguridad y blockchain.

Previamente, desarrolló su carrera en el ámbito de la consultoría estratégica como Principal en Monitor Company, donde asesoró a grandes corporaciones en procesos de crecimiento, internacionalización y eficiencia operativa.

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