El AI Act ya está aquí: qué cambia para las empresas que utilizan inteligencia artificial

Lo que cambia para las empresas con la AI act

Durante los últimos meses, hablando con empresas sobre el Reglamento de Inteligencia Artificial, me he encontrado varias veces con una misma percepción: que las obligaciones importantes del AI Act afectan, sobre todo, a OpenAI, Google, Anthropic y al resto de compañías que desarrollan modelos de inteligencia artificial.

Es lógico pensarlo, pero no es exactamente así.

Desde el pasado 2 de agosto de 2026 ya son aplicables las obligaciones de transparencia del artículo 50 del Reglamento. Y algunas de las que pueden tener más impacto en el día a día empresarial no afectan a quienes desarrollan inteligencia artificial, sino precisamente a quienes la utilizan.

Esto incluye a empresas que emplean herramientas de IA para preparar textos, imágenes, vídeos, campañas de marketing, comunicaciones corporativas, atención al cliente o contenidos para redes sociales. Es decir, a estas alturas, prácticamente a cualquiera.

Hasta ahora muchas compañías se han preocupado fundamentalmente por una cuestión: qué herramientas de IA utilizan sus empleados y qué información introducen en ellas.

A partir de ahora hay otra pregunta que merece la misma atención:

¿Cuándo tenemos que informar de que un determinado contenido o interacción ha sido generado mediante inteligencia artificial?

El Código de Buenas Prácticas intenta responder a esa pregunta. El pasado mes de junio se publicó el Código de Buenas Prácticas sobre Transparencia del Contenido Generado por IA, elaborado por expertos independientes en un proceso impulsado por la Oficina Europea de IA. Su estructura tiene bastante sentido. Una parte está dirigida a los proveedores de sistemas de IA generativa y desarrolla cuestiones relacionadas con el marcado y la detección de contenidos.

Pero hay una segunda parte que me parece especialmente relevante para las empresas que utilizan estas tecnologías: la que se dirige a los responsables del despliegue, es decir, a las organizaciones que utilizan estos sistemas y publican determinados contenidos generados o modificados mediante IA. Aquí hay una distinción importante.

Adherirse al Código es voluntario. Cumplir el artículo 50 del AI Act no lo es.

El Código no inventa nuevas obligaciones. Lo que hace es ofrecer una manera bastante concreta de demostrar cómo se están cumpliendo las que ya establece el Reglamento. Y eso tiene una consecuencia práctica interesante: una empresa puede decidir no seguir el Código, pero entonces tendrá que ser capaz de demostrar por otros medios que su sistema de cumplimiento es adecuado.

No, no hay que poner “hecho con IA” en todo

Este es probablemente uno de los puntos sobre los que más preguntas vamos a recibir. El AI Act no exige etiquetar indiscriminadamente cualquier contenido en cuya elaboración haya intervenido ChatGPT, Copilot, Claude o cualquier otra herramienta.

Depende del tipo de contenido, del uso que se esté haciendo de él y del papel que desempeñe la empresa. Para aquellos supuestos en los que sí existe obligación de informar, el Código propone un sistema bastante visual, incluyendo un icono europeo con distintas variantes para identificar contenidos íntegramente generados mediante IA o contenidos que hayan sido modificados con ella. Y las indicaciones sobre cómo debe mostrarse esa información son más precisas de lo que uno podría imaginar leyendo únicamente el Reglamento.

En una imagen o un vídeo, por ejemplo, la advertencia debería ser perceptible sin exigir una acción adicional del usuario. En determinados vídeos debe aparecer al inicio y puede ser necesario repetirla. En textos puede situarse junto al titular o al comienzo del contenido. Y en formatos exclusivamente sonoros puede ser necesario realizar un aviso audible.

No estamos hablando, por tanto, únicamente de introducir una frase legal en algún lugar de la web. En determinadas compañías esto va a afectar directamente al diseño de contenidos, procesos de marketing, comunicación, producto y experiencia de usuario.

“Lo ha revisado una persona” puede no ser suficiente

Hay otro punto que me parece especialmente interesante. En determinados textos existe una excepción vinculada a la revisión humana y al control editorial. A primera vista alguien podría pensar que basta con que una persona lea el texto generado por IA antes de publicarlo.

No es tan sencillo. Para poder apoyarse en esta vía, el Código exige que exista una verdadera responsabilidad editorial: identificar quién la asume, establecer mecanismos organizativos y humanos de revisión y ser capaz de acreditar cómo funciona ese proceso. Y creo que aquí hay una enseñanza que va bastante más allá del artículo 50. Cada vez veremos más normas y criterios regulatorios que hablan de “supervisión humana”. Pero poner a una persona al final de un proceso automatizado para que pulse un botón no convierte automáticamente ese proceso en supervisado. La persona tiene que entender el resultado, poder cuestionarlo y tener capacidad real para corregirlo o detenerlo. Eso exige organización interna, no simplemente una declaración en una política.

Reglamento, Directrices y Código: no son lo mismo

También empieza a existir cierta confusión entre los distintos documentos que se han ido publicando.

La lógica es bastante sencilla. El Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial contiene las obligaciones jurídicas.

Las Directrices de la Comisión sobre el artículo 50, adoptadas en julio, ayudan a interpretar su alcance: quién está obligado, qué contenidos están afectados y cómo funcionan determinadas excepciones. Y el Código de Buenas Prácticas ofrece medidas concretas que las empresas pueden seguir para demostrar su cumplimiento.

Además, el Código no cubre todas las obligaciones del artículo 50. Por ejemplo, la obligación de informar a una persona cuando está interactuando con un sistema de IA —salvo que resulte evidente por las circunstancias— o determinadas obligaciones relacionadas con sistemas de reconocimiento de emociones o categorización biométrica deben analizarse separadamente. Por eso tampoco sería correcto pensar que una empresa que se adhiera al Código tiene automáticamente “resuelto” todo el artículo 50.

Y esto ya está ocurriendo

Quizá el punto más importante sea el calendario. Las obligaciones de transparencia del artículo 50 son aplicables desde el 2 de agosto de 2026. Las recientes modificaciones del AI Act han retrasado algunas obligaciones relativas a los sistemas de alto riesgo, pero no han desplazado con carácter general esta fecha para las obligaciones de transparencia. Existe un régimen transitorio para determinados sistemas que ya estaban en el mercado y tampoco existe una obligación general de volver atrás y etiquetar todo lo que se produjo antes de agosto. Pero para las empresas el mensaje debería ser bastante claro: esto ya no forma parte de la lista de cosas que habrá que hacer “cuando entre en vigor el AI Act”.

El AI Act ya está entrando en el funcionamiento ordinario de las organizaciones.

¿Qué haría yo ahora en una empresa?

No empezaría colocando etiquetas de IA por todas partes. Empezaría por algo mucho más básico: saber realmente dónde se está utilizando. Muchas compañías todavía no tienen un inventario razonablemente completo de sus herramientas y casos de uso de inteligencia artificial. Y si no sabemos qué utilizamos, es difícil determinar qué obligaciones tenemos.

El siguiente paso sería revisar para qué se utiliza cada herramienta: generación de contenidos, recursos humanos, atención al cliente, análisis de datos, marketing, procesos internos, etc.A partir de ahí se puede determinar qué casos de uso tienen obligaciones específicas de transparencia y establecer reglas internas sencillas: quién revisa un contenido, cuándo debe identificarse como generado mediante IA, cuándo debe intervenir una persona, qué información no puede introducirse en determinadas herramientas y quién asume la responsabilidad sobre el resultado final. Esto es, en definitiva, gobernanza de IA. Y probablemente sea uno de los conceptos que más vamos a escuchar durante los próximos años. En compañías donde la IA ya forma parte de la atención al cliente, los canales digitales o la automatización de procesos, esta gobernanza deja de ser un ejercicio teórico y pasa a formar parte del funcionamiento ordinario del negocio.

Hay sanciones, pero creo que el asunto va más allá

Las infracciones de las obligaciones de transparencia del artículo 50 pueden llegar a sancionarse con multas de hasta 15 millones de euros o el 3 % de la facturación mundial anual del ejercicio anterior, con el régimen específico de proporcionalidad previsto para pymes y startups. Es una cifra suficientemente relevante como para tomarse el tema en serio.

Pero creo que quedarse únicamente con las multas sería simplificar demasiado lo que está ocurriendo. La regulación europea está intentando introducir una idea que probablemente terminará trasladándose también al mercado: que las personas tienen derecho a saber, en determinados contextos, cuándo están tratando con una inteligencia artificial o cuándo aquello que están viendo ha sido generado artificialmente. Y eso afecta directamente a la confianza. Durante los últimos tres años las empresas nos hemos preguntado cómo utilizar la IA para trabajar más rápido y ser más productivos. La siguiente pregunta va a ser distinta:

¿cómo utilizamos la IA de una forma que nuestros clientes, empleados y usuarios puedan entender y en la que puedan confiar?

Las empresas que mejor incorporen la inteligencia artificial probablemente no serán las que consigan utilizarla para todo. Serán las que tengan claro para qué la utilizan, quién responde de cada uso, cuándo hace falta una persona y cuándo hay que decir claramente que detrás de ese contenido había una máquina. Y esa segunda fase de la adopción de la IA acaba de empezar.

¿Tienes curiosidad por explorar este tema con IA? Prueba con ChatGPT o Perplexity.

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Ibon Otero

Director de Estrategia y BI

A Ibon ya desde que era niño le gustaba entender cómo funcionaban las cosas. Su pasión por la tecnología fue creciendo a medida que pasaban los años y fue lo que le decantó a estudiar Ingeniería de Telecomunicaciones. Entró en Aire en el departamento de Inteligencia de Negocio con el reto de sacar adelante proyectos en curso e iniciar la creación de nuevas soluciones y productos. Ese es uno de los valores que aporta a la compañía: el conocimiento, las ganas y el impulso para hacer realidad lo que se plantea. Del Grupo destaca el equipo técnico y humano, que tilda de increíble y que respira el mantra “hacemos cosas que no hacen los demás”.

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CTO

Joan ve la tecnología como una palanca con la que accionar el acceso al conocimiento y posibilitar la comunicación entre personas en tiempo real. Desde sus inicios en Aire, cuando estaba en el último curso de universidad, se ha esforzado por superar los retos técnicos a los que se ha ido enfrentando, con la motivación de aprender y llegar al fondo de cada proyecto. Como CTO Staff, aplica esta experiencia, su visión, empuje y mimo por los detalles a distintas áreas de trabajo. Del proyecto destaca su vocación tecnológica y su equipo, por su calidad humana y su enfoque de resolución del problema.

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CHR & Integration Officer

Para Manuel Rivera la tecnología y las personas se relacionan íntimamente y las ve como motor de cambio. Su pasión por las telecomunicaciones le llevó a estudiar Ingeniería en esta área. Su carrera profesional se ha desarrollado tanto en posiciones de ingeniería, operaciones comerciales como en Recursos Humanos, donde ha estado focalizado en la transformación de estructuras organizativas tecnológicas tanto en el mercado local como a nivel europeo. Aterriza en Aire como Director de Recursos Humanos y Transformación, para aportar su visión y experiencia a la hora de enfrentar los numerosos retos que tienen las organizaciones en un momento como el actual.

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CFO

Su trabajo en distintas posiciones en empresas tecnológicas la han llevado a estar siempre rodeada de ingenieros y a respirar ese ambiente techie en el día a día. Esa experiencia en el sector, junto con su conocimiento y una visión de la función financiera estratégica, es lo que aporta Rosa a Aire, así como mejores prácticas y soporte a los accionistas y equipo directivo para la toma de decisiones. Todo ello con el objetivo de llevar a la compañía hacia las metas propuestas en el plan de negocio.

De Aire destaca su capacidad de innovación y desarrollo; el alto volumen de soluciones propias y lo arraigado que está el proyecto en el sector.

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CIO

A pesar de criarse en un pequeño pueblo con menos facilidades de acceso a la tecnología, para Zigor no fue una barrera el sumergirse en el sector tecnológico desde muy joven, comenzando después la carrera de Ingeniería Informática con la intención de seguir profundizando sobre todo lo que había ido aprendiendo de forma autodidacta a lo largo de los años.

Su sueño de dedicarse al mundo de la conectividad se hizo realidad al llegar a la compañía, donde sintió el proyecto como suyo desde el primer momento, compartiendo triunfos y aprendiendo de los fracasos.

Con un gran sentido de equipo, Zigor trabaja diariamente para ayudar en la toma de decisiones aportando su visión y experiencia, asumiendo todos los retos que pueda encontrar en el camino y manteniendo ese ADN de la compañía en el que la tecnología, el trabajo en equipo y la innovación son esenciales.

Santi Magazù

Director General

Santi Magazù tiene más de 20 años de experiencia en el sector de telecomunicaciones y de servicios TI, habiendo ocupado puestos directivos en multinacionales como Telefónica, donde desempeñó varios cargos, como director de ingeniería de servicios TI para España y director comercial de Cloud Computing para todo el Grupo. También ha trabajado como director de Marketing en el operador regional Grapes, y como CEO y COO en startups de tecnología, entre ellas en PlayGiga, la primera compañía adquirida por Facebook en España. Inició su carrera como consultor de estrategia en Monitor Co., actualmente parte de Deloitte.

En cuanto a su formación, es ingeniero industrial por el Politécnico de Milán y MBA por INSEAD (Francia).

En Aire es Director General.

Miguel Tecles

Consejero

Curiosidad y pasión por la tecnología son el motor imparable de una carrera profesional que empezó, nada menos que a los 4 años, arreglando el cable roto de una plancha que había dejado de funcionar. Desde ese precoz impulso, la biografía de Miguel Tecles está escrita con cables de colores, líneas de programación, ondas de radio, señales de internet cuando casi no existía, muchos voltios y algún calambre inesperado.

Hoy, con el cargo de consejero en Aire, Miguel Tecles es uno de sus principales pilares.

Nadie mejor que él personifica el compromiso de la compañía con sus clientes: llevar la tecnología siempre al siguiente nivel, haciendo lo que nadie hace, como nadie lo hace y llegando hasta donde nadie llega, para ofrecer servicios que generen valor para todos.

Raúl Aledo

Consejero

Apasionado de la tecnología y el funcionamiento interno de todo lo que le rodeaba desde muy temprana edad, Raúl empezó sus primeros pinitos en el mundo de la electrónica y la programación a los 14 años, cuando hizo su primer programa de facturación, contabilidad y gestión de almacén para la empresa familiar.

Con ello y la llegada de internet, comenzó su dedicación al mundo de las telecomunicaciones, estudiando Ingeniería Informática, donde conoció a su primer socio, Miguel Tecles, a través de lo que fue una de las primeras redes sociales, IRC. Tras más de dos años trabajando juntos y mejorando su know-how, conocieron a Emilio Gras, el tercer socio de la actual compañía, comenzando juntos en 1996 su primer proyecto de ServiHosting, e iniciando un camino que los llevaría hasta donde están hoy.

Raúl es pilar fundamental en Aire, no solo a través de su experiencia, sino a través de los valores que aporta e implementa en la compañía, como la visión de futuro, aceptando retos y alcanzando metas; su compromiso con cada detalle y el sentimiento de equipo, fomentándolo día a día.

Javier Polo

CEO

Con más de 20 años de trayectoria en los sectores de las telecomunicaciones y la tecnología, Javier tiene la firme convicción de que la tecnología debe resolver problemas reales y generar ventajas competitivas con resultados tangibles para el negocio.

Ha ocupado posiciones ejecutivas relevantes en compañías como Amena y Orange, donde lideró áreas de planificación estratégica, marketing y go-to-market. Fue CEO de PlayGiga, la primera startup tecnológica española adquirida por Meta (Facebook). Antes de incorporarse como CEO de Aire, dirigió el Grupo AIA, empresa especializada en inteligencia artificial, con foco en analítica avanzada y algoritmos predictivos.

Ha sido también consejero y asesor en múltiples compañías tecnológicas respaldadas por fondos de venture capital y private equity, en sectores como cloud, ciberseguridad y blockchain.

Previamente, desarrolló su carrera en el ámbito de la consultoría estratégica como Principal en Monitor Company, donde asesoró a grandes corporaciones en procesos de crecimiento, internacionalización y eficiencia operativa.

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