La IA no escala sin datos, gobierno y cloud: los errores que frenan su adopción en las empresas

Edificio de oficinas corporativas moderno que representa la infraestructura cloud y el gobierno del dato en proyectos de IA.
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La inteligencia artificial se ha convertido en una prioridad para muchas empresas. No obstante, a medida que pasa la primera ola de entusiasmo, empieza a aparecer una realidad menos visible; y es que, muchas de ellas han probado herramientas de IA, pero pocas han conseguido integrarlas de forma sostenible en su operativa diaria.

El problema rara vez está en la tecnología. Tampoco en la falta de soluciones disponibles. La mayoría de los obstáculos aparecen mucho antes. En los datos, en la infraestructura, en la gobernanza y en la capacidad de conectar la tecnología con objetivos reales de negocio. Antes de hablar de agentes, automatización avanzada o modelos generativos, conviene hacerse una pregunta menos común: ¿Estamos preparados para que la IA genere valor de forma consistente? Y, en el capítulo 1 de El Podcast de Aire, analizamos el uso que están haciendo las empresas de la inteligencia artificial.

El Podcast de Aire | Cap. 1: Errores de las empresas al adoptar IA  y cómo el cloud te puede ayudar

 

La IA era la respuesta, pero ¿cuál era la pregunta?

Uno de los errores más habituales en los proyectos de inteligencia artificial consiste en empezar por la herramienta. 

Durante los últimos años, muchas empresas han adquirido licencias de asistentes generativos, han realizado pilotos o han experimentado con diferentes soluciones impulsadas por la sensación de que era necesario actuar rápido para no quedarse atrás en el mercado.

El resultado ha sido una adopción desigual, marcada por expectativas muy elevadas y beneficios que, en muchos casos, no han terminado de materializarse.

La pregunta que suele faltar al inicio del proceso es sencilla: ¿Qué problema queremos resolver?

La IA puede reducir tiempos de respuesta, automatizar tareas repetitivas, mejorar la toma de decisiones o ayudar a descubrir patrones difíciles de detectar. Aun así, ninguna tecnología aporta valor por sí misma. Eso aparece cuando existe un caso de uso claro y una necesidad concreta que justifique su aplicación.

Cuando la conversación gira únicamente alrededor de herramientas, licencias o funcionalidades, es fácil perder de vista el objetivo real. La empresa termina implementando tecnología sin haber definido previamente qué resultado espera obtener.

Por este motivo, los proyectos con mayor recorrido suelen comenzar en el negocio y no en el departamento de IT. La tecnología es una pieza fundamental, pero no puede sustituir la reflexión estratégica sobre los procesos, los objetivos y las prioridades de la empresa.

 

Del Pilot Purgatory a la trampa de la falsa adopción

Tras el estallido de la primera ola de entusiasmo por la inteligencia artificial, el mercado empresarial ha empezado a chocar con la realidad. Como se analiza en el primer episodio del podcast de Aire, muchas organizaciones se encuentran en un momento de redefinición al darse cuenta de que sus proyectos no están generando el impacto esperado. Esta situación suele venir provocada por tres errores muy comunes en el tejido empresarial:

  • Caer en el Pilot Purgatory: Es el escenario habitual de las empresas más grandes o con mayor presupuesto. Se lanzan a desarrollar multitud de Pruebas de Concepto (POCs) y proyectos piloto en diferentes áreas. El problema surge cuando se quedan «atrapadas» en esa fase experimental, encontrando serias dificultades técnicas y organizativas para escalar esas soluciones a producción y extraer un valor económico real.
  • La falsa adopción por acumulación de licencias: Un error muy extendido entre organizaciones de menor tamaño. Ante el temor de quedarse atrás en el mercado, adquieren de forma masiva licencias de asistentes generativos o copilotos comerciales. Sin embargo, comprar herramientas no significa haber adoptado la tecnología: la realidad es que el software se infrautiliza porque los empleados no han recibido la cultura ni la guía necesarias para integrarlo en sus rutinas.
  • Buscar una herramienta antes de tener una pregunta de negocio: Incorporar la inteligencia artificial simplemente «por estar ahí», sin realizar una reflexión estratégica previa. Muchas compañías implementan soluciones complejas cuando, a lo mejor, sus necesidades reales de toma de decisiones se resolverían optimizando un cuadro de mando tradicional. La IA es una herramienta para resolver problemas, no el objetivo en sí misma.

Dejar atrás estos fallos es lo que marca la línea entre las empresas que simplemente experimentan con la tecnología y aquellas que están preparadas para transformarse de verdad.

 

El dato sigue siendo el verdadero punto de partida

A menudo se habla de IA como si se tratara de una tecnología completamente nueva, capaz de transformar cualquier organización de forma inmediata. Pero la realidad es mucho menos espectacular y más práctica. La inteligencia artificial es la evolución natural de décadas de trabajo en analítica, estadística, business intelligence, machine learning y ciencia de datos.

Los proyectos que hoy están obteniendo mejores resultados son los que llevan años estructurando, ordenando y gobernando sus datos.

En muchas empresas todavía existen problemas de integración, silos de información, duplicidades y criterios distintos para interpretar un mismo dato. Cada departamento trabaja con su propia lógica y la información circula con dificultades entre áreas. Cuando esta realidad se traslada a un proyecto de IA, las limitaciones se multiplican.

La inteligencia artificial puede acelerar procesos y generar nuevas capacidades analíticas, pero también puede amplificar el desorden existente. Un dato mal definido sigue siendo un dato mal definido aunque se procese con la tecnología más avanzada del mercado.

Por eso, antes de escalar cualquier iniciativa de IA, resulta imprescindible revisar aspectos como la calidad de la información, la trazabilidad, los permisos de acceso, la integración entre sistemas y los mecanismos de gobierno del dato.

La materia prima de cualquier proyecto de inteligencia artificial sigue siendo la misma: información fiable, accesible y bien gestionada.

 

Utilizar IA no significa haberla adoptado

Otro error frecuente consiste en confundir uso con adopción. Utilizar una herramienta no implica necesariamente haber adoptado inteligencia artificial a nivel empresarial. La evolución suele producirse en lsa empresas en diferentes niveles:

Primer nivel: asistentes IA

En este escenario, el profesional continúa realizando el trabajo principal mientras utiliza la IA como apoyo para redactar documentos, resumir información, generar ideas o agilizar determinadas tareas.

Segundo nivel: automatización

El segundo nivel aparece cuando la organización comienza a automatizar procesos específicos mediante agentes, flujos de trabajo o soluciones low-code. La inteligencia artificial deja de ser una herramienta individual para convertirse en un elemento operativo.

Tercer nivel: procesos analíticos

El tercer nivel es el más complejo y también el más transformador. Es el momento en el que la IA participa en la redefinición de procesos, servicios, productos o modelos de negocio completos. No se limita a mejorar la productividad; modifica la forma en que la empresa crea valor.

La mayoría de las empresas se encuentran todavía entre el primer y el segundo nivel y el problema aparece cuando se interpreta esta situación como una adopción completa de la inteligencia artificial.

La diferencia entre experimentar y transformar es mucho mayor de lo que suele parecer.

 

Sin infraestructura adecuada no existe escalabilidad

Los proyectos de IA suelen comenzar con pruebas relativamente pequeñas. Un asistente interno, un sistema de análisis documental o una automatización puntual pueden funcionar con recursos limitados y una arquitectura sencilla.

La situación cambia cuando la empresa intenta escalar esos casos de uso. Aparecen entonces cuestiones relacionadas con capacidad de procesamiento, almacenamiento, integración de datos, rendimiento, seguridad, disponibilidad o control de costes. Es ahí cuando la infraestructura deja de ser un elemento secundario y pasa a ocupar una posición central.

El rol habilitador del cloud

El cloud se ha convertido en un habilitador clave para esta evolución. Permite desplegar capacidad tecnológica bajo demanda, integrar información procedente de múltiples sistemas y construir arquitecturas más flexibles. Sin embargo, disponer de infraestructura cloud no garantiza por sí mismo una adopción exitosa de la IA.

La infraestructura adecuada no es necesariamente la más compleja ni la más avanzada. Es aquella que permite que los casos de uso evolucionen sin comprometer la seguridad, el rendimiento o la gobernanza.

 

Gobernar la IA es tan importante como implementarla

Existe una tendencia a evaluar la inteligencia artificial en función de lo que es capaz de hacer. Contrariamente, en entornos empresariales, resulta igual de importante analizar cómo se utiliza, quién la utiliza y bajo qué condiciones. La gobernanza sigue siendo uno de los grandes desafíos de la adopción de IA.

Las empresas deben definir qué información puede utilizarse, qué sistemas tienen acceso a ella, qué permisos existen y cómo se supervisan los resultados generados por los modelos. También deben establecer mecanismos para evaluar el impacto real de cada iniciativa.

La confianza como motor clave

En un entorno corporativo, una respuesta aparentemente convincente pero incorrecta puede generar consecuencias operativas, comerciales o incluso regulatorias. Por eso resulta fundamental entender que la calidad de una solución de IA no se mide únicamente por su capacidad para responder, sino por su capacidad para hacerlo de forma fiable y controlada.

La gobernanza permite precisamente construir ese marco de confianza. Ayuda a definir responsabilidades, establecer políticas de uso y medir resultados. También facilita que la organización pueda evolucionar desde experimentos aislados hacia modelos sostenibles de adopción. Es ahí donde radica el verdadero salto cualitativo.

 

La diferencia entre experimentar y generar valor

La conversación sobre inteligencia artificial ha estado dominada durante mucho tiempo por las herramientas. Hoy, sin embargo, las organizaciones empiezan a enfrentarse a preguntas más complejas.

¿Cómo integrar la IA en los procesos de negocio?

¿Cómo garantizar la calidad del dato?

¿Qué infraestructura permitirá escalar los casos de uso?

¿Cómo gobernar la tecnología de forma segura y sostenible?

Las respuestas a estas preguntas son las que separan los proyectos experimentales de las iniciativas capaces de generar resultados. La inteligencia artificial no es una capa tecnológica que se añade sobre una empresa o un proyecto. Es una capacidad que se construye sobre datos gobernados, procesos definidos, infraestructura preparada y una visión clara de negocio.

Por tanto, el reto actual ya no es tecnológico, sino estratégico: crear las condiciones idóneas para que la IA aporte un valor consistente, medible y escalable. Acumular herramientas solo genera ruido; la verdadera ventaja competitiva llega cuando existe una base operativa y organizativa preparada para integrarlas. En este nuevo paradigma, el verdadero liderazgo no pertenece a la empresa que más rápido corre hacia la novedad, sino a la que mejor prepara su estructura para el cambio.

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Ibon Otero

Director de Estrategia y BI

A Ibon ya desde que era niño le gustaba entender como funcionaban las cosas. Su pasión por la tecnología fue creciendo a medida que pasaban los años y fue lo que le decantó a estudiar Ingeniería de Telecomunicaciones. Entró en Grupo Aire en el departamento de Inteligencia de Negocio con el reto de sacar adelante proyectos en curso e iniciar la creación de nuevas soluciones y productos. Ese es uno de los valores que aporta a la compañía: el conocimiento, las ganas y el impulso para hacer realidad lo que se plantea. Del Grupo destaca el equipo técnico y humano, que tilda de increíble y que respira el mantra “hacemos cosas que no hacen los demás”.

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CTO

Joan ve la tecnología como una palanca con la que accionar el acceso al conocimiento y posibilitar la comunicación entre personas en tiempo real. Desde sus inicios en Aire, cuando estaba en el último curso de universidad, se ha esforzado por superar los retos técnicos a los que se ha ido enfrentando, con la motivación de aprender y llegar al fondo de cada proyecto. Como CTO Staff, aplica esta experiencia, su visión, empuje y mimo por los detalles a distintas áreas de trabajo. Del proyecto destaca su vocación tecnológica y su equipo, por su calidad humana y su enfoque de resolución del problema.

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Para Manuel Rivera la tecnología y las personas se relacionan íntimamente y las ve como motor de cambio. Su pasión por las telecomunicaciones le llevó a estudiar Ingeniería en esta área. Su carrera profesional se ha desarrollado tanto en posiciones de ingeniería, operaciones comerciales así como en Recursos Humanos, donde ha estado focalizado en la transformación de estructuras organizativas tecnológicas tanto en el mercado local como a nivel europeo. Aterriza en Aire como Director de Recursos Humanos y Transformación, para aportar su visión y experiencia a la hora de enfrentar los numerosos retos que tienen las organizaciones en un momento como el actual.

Rosa Ronda

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Su trabajo en distintas posiciones en empresas tecnológicas la han llevado a estar siempre rodeada de ingenieros y a respirar ese ambiente techie en el día a día. Esa experiencia en el sector, junto con su conocimiento y una visión de la función financiera estratégica, es lo que aporta Rosa a Grupo Aire. Así como mejores prácticas y soporte a los accionistas y equipo directivo para la toma de decisiones. Todo ello con el objetivo de llevar a la compañía hacia las metas propuestas en el plan de negocio.

De Aire destaca su capacidad de innovación y desarrollo; el alto volumen de soluciones propias y lo arraigado que está el proyecto en el sector.

Zigor Gaubeca

CIO

A pesar de criarse en un pequeño pueblo con menor facilidades de acceso a la tecnología, para Zigor no fue una barrera el sumergirse en el sector tecnológico desde muy joven, comenzando después la carrera de Ingeniería Informática con la intención de seguir profundizando sobre todo lo que había ido aprendiendo de forma autodidacta a lo largo de los años.

Su sueño de dedicarse al mundo de la conectividad se hizo realidad al llegar a la compañía, donde sintió el proyecto como suyo desde el primer momento, compartiendo triunfos y aprendiendo de los fracasos.

Con un gran sentido de equipo, Zigor trabaja diariamente para ayudar en la toma de decisiones aportando su visión y experiencia, asumiendo todos los retos que pueda encontrar en el camino y manteniendo ese ADN de la compañía en el que la tecnología, el trabajo en equipo y la innovación son esenciales.

Santi Magazù

Director General

Santi Magazù tiene más de 20 años de experiencia en el sector de telecomunicaciones y de servicios TI, habiendo ocupado puestos directivos en multinacionales como Telefónica, donde desempeñó varios cargos, como director de ingeniería de servicios TI para España y director comercial de Cloud Computing para todo el Grupo. También ha trabajado como director de Marketing en el operador regional Grapes, y como CEO y COO en startups de tecnología, entre ellas en PlayGiga, la primera compañía adquirida por Facebook en España. Inició su carrera como consultor de estrategia en Monitor Co., actualmente parte de Deloitte.

En cuanto a su formación, es ingeniero industrial por el Politécnico de Milán y MBA por INSEAD (Francia).

En Aire es Director General.

Miguel Tecles

Consejero

Curiosidad y pasión por la tecnología son el motor imparable de una carrera profesional que empezó, nada menos que a los 4 años, arreglando el cable roto de una plancha que había dejado de funcionar. Desde ese precoz impulso, la biografía de Miguel Tecles está escrita con cables de colores, líneas de programación, ondas de radio, señales de internet cuando casi no existía, muchos voltios y algún calambre inesperado.

Hoy, con el cargo de consejero en Aire, Miguel Tecles es uno de sus principales pilares.

Nadie mejor que él personifica el compromiso de la compañía con sus clientes: llevar la tecnología siempre al siguiente nivel, haciendo lo que nadie hace, como nadie lo hace y llegando hasta donde nadie llega, para ofrecer servicios que generen valor para todos.

Raúl Aledo

Consejero

Apasionado de la tecnología y el funcionamiento interno de todo lo que le rodeaba desde muy temprana edad, Raúl empezó sus primeros pinitos en el mundo de la electrónica y la programación a los 14 años, cuando hizo su primer programa de facturación, contabilidad y gestión de almacén para la empresa familiar.

Con ello y la llegada de internet, comenzó su dedicación al mundo de las telecomunicaciones, estudiando Ingeniería Informática, donde conoció a su primer socio, Miguel Tecles, a través de lo que fue una de las primeras redes sociales, IRC. Tras más de dos años trabajando juntos y mejorando su know-how, conocieron a Emilio Gras, el tercer socio de la actual compañía, comenzando juntos en 1996 su primer proyecto de ServiHosting, e iniciando un camino que los llevaría hasta donde están hoy.

Raúl es pilar fundamental en Aire, no solo a través de su experiencia, sino a través de los valores que aporta e implementa en la compañía, como la visión de futuro, aceptando retos y alcanzando metas; su compromiso con cada detalle y el sentimiento de equipo, fomentándolo día a día.

Javier Polo

CEO

Con más de 20 años de trayectoria en los sectores de las telecomunicaciones y la tecnología, Javier tiene la firme convicción de que la tecnología debe resolver problemas reales y generar ventajas competitivas con resultados tangibles para el negocio.

Ha ocupado posiciones ejecutivas relevantes en compañías como Amena y Orange, donde lideró áreas de planificación estratégica, marketing y go-to-market. Fue CEO de PlayGiga, la primera startup tecnológica española adquirida por Meta (Facebook). Antes de incorporarse como CEO de Aire, dirigió el Grupo AIA, empresa especializada en inteligencia artificial, con foco en analítica avanzada y algoritmos predictivos.

Ha sido también consejero y asesor en múltiples compañías tecnológicas respaldadas por fondos de venture capital y private equity, en sectores como cloud, ciberseguridad y blockchain.

Previamente, desarrolló su carrera en el ámbito de la consultoría estratégica como Principal en Monitor Company, donde asesoró a grandes corporaciones en procesos de crecimiento, internacionalización y eficiencia operativa.

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